martes, 6 de octubre de 2020

La economía china en un entorno desafiante

 


                                                                                                    Carlos Aquino*

La Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OECD) pronostico en setiembre que la economía de China crecería 1.8% el 2020, siendo una de las pocas que lo harían este año, cuando la economía mundial decrecerá -4.5%. China sería la única economía grande que crezca este año, y recientes estimaciones indican que China podría crecer incluso hasta 2.2% este año[1].

Lo anterior se debe a dos razones principalmente: Primero, al haber sido China el país que controlo la pandemia del COVID-19 en menor tiempo que el resto del mundo su economía estuvo paralizada menos tiempo, y su actividad económica empezó a recuperarse antes que otros; y segundo, al haber tenido un menor numero de infectados y fallecidos por la pandemia que otras regiones en el mundo (por ejemplo Europa y América), su consumo interno, la demanda interna, se está recuperando rápidamente.    

El hecho de que China se haya recuperado antes que otros y pueda crecer es una buena noticia no solo para China, sino también para el resto del mundo. Esto, pues desde comienzos de este siglo China es el mayor contribuyente al crecimiento de la economía global. Se calcula que el gigante asiático ha contribuido con un 30% al crecimiento anual de la economía mundial, convirtiéndose en el motor de esta.

China es el mayor mercado para más de la mitad de los países del mundo, especialmente de los países en desarrollo como el Perú. Es uno de los mayores inversores en el mundo en desarrollo, especialmente en África, Asia, y también poco a poco para varios países en Latinoamérica. Y en los últimos años su inversión se ha orientado desde inicialmente los sectores extractivos, de recursos naturales, hacia sectores como la industria, y los proyectos de infraestructura, esto último en particular de gran urgencia en los países en desarrollo.

Pero la economía china tiene varios desafíos por delante para continuar su crecimiento. Uno, son los desafíos internos, y el otro son los del entorno externo. En el lado interno, China debe continuar haciendo reformas para hacer su economía más competitiva, más abierta a la competencia extranjera, permitiendo así también el acceso para sus consumidores de productos más baratos de todas partes del mundo. El rol del mercado interno también es cada vez mayor, y su creciente clase media se convierte en el motor de su economía, reduciendo su dependencia en los mercados externos.

El mayor reto es el entorno externo cada vez más complicado que enfrenta, ejemplificado por el enfrentamiento que tiene con EEUU, en un conflicto que empezó con un tema comercial, de imposición de aranceles, pero que ha devenido en una competencia tecnológica. Se busca restringir la participación de las empresas chinas en el mercado de EEUU, así como en otros mercados, en la provisión de infraestructura de tecnología 5G. Pero también se busca limitar la capacidad de las empresas chinas de producir equipos al restringírseles el acceso a partes y componentes, como de determinados circuitos integrados, donde aún dependen de la provisión de empresas o de tecnología de EEUU.  

Incluso se habla de que podría ser sujeto de sanciones que buscan restringirle el acceso al sistema financiero internacional dominado por el dólar. Por eso también China debe tomar pasos para hacer del yuan una moneda más usada internacionalmente y ofrecer así una alternativa al dominio del dólar. Para ello China debe abrir más su mercado de capitales y ofrecer más activos financieros en yuanes a los extranjeros.         

En todo caso, en un mundo donde prima la incertidumbre y donde las voces que piden proteccionismo, o desconocen el rol de los organismos internacionales como la Organización Mundial de Comercio aumentan, se necesita también que China pueda abogar por un sistema abierto de comercio e inversiones. En este sentido por ejemplo la constitución de la Asociación Económica Integral Regional, RCEP por sus siglas en inglés, que unirá a China con los 10 países del ASEAN (siglas en ingles de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) mas Japón, Corea, Australia y Nueva Zelanda, será un gran paso hacia el proceso de integración económica en el Asia Oriental. No solo China, Asia también es la región que más crece en el mundo y es un motor de crecimiento.

El RCEP se constituirá en el grupo de integración económica más grande del mundo por tamaño de su población, de su economía, por el volumen de comercio, y por el monto de inversión extranjera que reciben sus países y que realizan en el exterior. Y China ha sido uno de los promotores de su formación.

En resumen, una economía china en crecimiento es de vital importancia, no solo para el incremento del bienestar de sus propios habitantes sino para el del resto del mundo. Pero el país deberá lidiar con un entorno complicado, por los desafíos internos y externos existentes, en un año difícil para la economía mundial, donde pocos países crecerán, y se espera que China sea uno de ellos. China es desde hace varios años la fábrica del mundo, pero ahora también es el mayor mercado de consumo del mundo, y el mundo necesita que eso continúe así.      

 

*Carlos Aquino es Coordinador del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

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